Su nuevo novio era un tipo singular. Lo había conocido en Sevilla. Irene había ido a la boda de una amiga que se casaba en la capital hispalense con un joven francés de profesión bailarín. John era el padrino del enlace.
-Antes de ser bailarín fue cazador de serpientes en las playas de Tailandia -le había susurrado la novia al oído.
-Un hombre interesante.
-Está libre, querida. ¡Lánzate!
Irene siguió el consejo de su amiga. Invitó a John a acompañarla a un viaje de placer a las playas de Punta del Papagayo. El joven sonrió.
-¿Buceas? -le preguntó.
-¿Quieres enseñarme?
Habían pasado una semana nadando, buceando, tomando el sol, besándose, dejando que sus cuerpos se amaran. El romance había terminado en Madrid. Se despidieron a la francesa. Irene no volvió a saber nada de John hasta que lo vio en la casa de su madre, una afamada dibujante de comic.
-Ven, cariño, te voy a presentar a mi nuevo novio -le había dicho mamá.
Irene le había dado dos castos besos. John también finguió no conocerla.
Yolanda Smith
Escritora Anónima