Mi nuevo novio era de Zorita de los Canes, una localidad de la provincia de Guadalajara de la que nadie habla a no ser que seas de por allí. Yo no había oído hablar nunca de Zorita y mira que acostumbro a ir de vacaciones a esos pequeños pueblos donde encuentras toda la tranquilidad del mundo. Jorge, así se llamaba mi nuevo chico, también hablaba poco de su pueblo. Noté que no se sentía muy orgulloso.
Con el tiempo fui conociéndolo un poco más. Era un joven un tanto acomplejado que te contaba pronto que era votante del Partido Popular. Quería ser concejal en Albalate de Zorita.
- ¿Gana el PP por allí? -le pregunté.
-Ganará cuando yo vaya en la lista. Mi familia es muy conocida por la zona. Mi padre fue concejal en el último gobierno municipal antes de la democracia.
Jorge bebía un poco. Le gustaba demasiado el coñac, cosa poco común en un chico de su edad. Se le notaban unos gustos antiguos en todo. Por eso me gustaba a mí. Me encantaba esa sensación de estar saliendo con un señor de los de antes, con un hombre que te besa la mano y te pide permiso para darte un beso como si fuera un pecado besarse.
Lo que no me gustó fue su pueblo. No tenía nada para que no me gustase, pero llegamos con mal pie. Jorge iba un poco pasado de coñac y acabamos en un cementerio. El pobre pensaba que había llegado a la casa de su madre.
- ¿Está muerta? -le pregunté cuando me vi rodeada de tumbas.
- ¿Qué dices, nena?
-Te pregunto si tu madre está en alguna de estas tumbas.
Entonces se dio cuenta de su error. Empezó a maldecir a su madre, como si su progenitora tuviese culpa de que no hubiera cogido la carretera que va de Zorita de los Canes a Albalate de Zorita antes de llegar a aquel cementerio sin gente viva.
Jorge se puso más nervioso cuando se oyeron unos tiros de escopeta. Temía que nos mataran los cazadores del coto de caza.
-No sería la primera vez que me disparan.
- ¿Ya te dispararon otras veces?
-Dicen que me confunden con un oso.
A la altura del castillo apareció su madre. Suspiré aliviada al comprobar que mi novio no era huérfano. Jorge, en el fondo, era muy infantil. Hubiera sido un drama cuando le dijera que lo nuestro se había acabado. Por lo menos, teniendo una madre viva, habría quien lo consolara.
-Te presento a María, mamá -le dijo-. Es economista y será la próxima concejala de Economía más guapa de esta comarca alcarreña.
-Encantada -dijo la señora y me tendió la mano.
-Usted será la madre más guapa del próximo alcalde.
-Dios te oiga, hija.
Dios no me escuchó. Las elecciones fueron un desastre para Jorge. Solo sacó dos votos: el suyo y el de su madre. Me dio tanta pena que me obligué a esperar una semana antes de decirle que lo dejaba porque no era el hombre de mi vida.
Yolanda Smith
La mujer de los mil novios