Tuesday, December 09, 2025

La Reina Roja con el hombre viejo

Llamó a la Reina Roja y la Reina Roja le contestó. Eran las doce de la noche. Cipriano necesita oír su voz, suave, soñolienta, aterciopelada. La volvió a llamar a la una de la madrugada. Repitió la llamada a las tres de la mañana. Quería emborracharse con aquellas palabras de cariño...

A su lado, Luis estaba doliente. No podía aguatar una sonda que le sacaba la orina hasta una bolsa de plástico colgada en la cama. Eran las tres de la madrugada cuando le gritó a Cipriano que parara con el puto teléfono.

Cipriano calló. No quería enfadarse cuando la Reina Roja le estaba susurrando al oído que se había puesto el vestido para dormir de color azul que tanto le gustaba. Era un camisón de mujer sexy que dejaba imaginar su buena dotación de delanteras con un escote en V. Por atrás, la espalda le brillaba con la misma crema que él le había masajeado antes de entrar en el hospital. Sus piernas eran infinitas. Cipriano se las había medido a cuartas cuando la Reina Roja hacía que dormía a su lado. ¡Qué piernas, Señor! ¡Qué piernas!

¿Y qué decir de aquel culito de cesta de huevos? Era como tener un bizcocho en tus manos para ti solo. Cipriano babeaba en la segunda cama de la habitación 1118.

¡Y el tal Luis volvía a protestar! Quiso gritar él también, pero calló. En aquel momento, con la Reina Roja pegada a su oreja podía gritar como si un orgasmo estallara en todo su interior envejecido.

Te quiero, nena, wasapeó como pudo en la oscuridad de la habitación. Te quiero. ¡Te quiero!



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