
Cuando llegan a su riad de alquiler Alejandro está rendido. Las multitudes no son lo suyo. A él le gusta la tranquilidad. Se promete no volver a poner un pie en ninguna otra fiesta popular más en su vida. No quiere fiestas ni moras ni cristianas.
Se acuesta sin cenar. Últimamente pasa de las cenas, a no ser que se vea obligado a asistir a una cena de trabajo. Por alguna razón que no entiende tampoco puede dormir. ¿Estará volviéndose insomne? ¡Y encima el móvil! ¿Quién será?
-¿Sí?
-Soy yo.
Es Margot. ¿Qué habrá ocurrido por casa?
-Dime Margot.
-Estuvo Alberto esta noche en casa. Está preocupado porque no le salen las cuentas.
-¿Ya dejó embarazada a Alicia? Está hecho un toro.
-Me refiero a las cuentas financieras. Guardate las bromas, hijo, el dinero es cosa seria.
-Dímelo a mi.
Alejandro oye a Marta cantar en el baño. Una ducha de media hora. No está mal.
-El dinero lo puliste en el coche nuevo.
-Eres adivina, mamá.
-Díselo a tu socio. No hay nada mejor que soltar la verdad para empezar a solucionar los problemas.
-Mis problemas se solucionarían si mi tío presidente me pasara alguna concesión.
-Las concesiones se hacen por concurso, no se conceden a dedo.
-Sí, y los concursos van todos para empresas de la misma provincia. A nosotros no nos tocan ni las mijajas.
-Ten paciencia, hijo, el tío lleva muy poco tiempo en el Gobierno. Tiene a toda la prensa mirando minuciosamente su gestión. Ya verás que cuando pasen unos meses se acuerda de que su ahijado favorito tiene una empresa.
-Dentro de unos meses ya no tendré una empresa. Estaré buscando trabajo.
-¡Alejandro! Para eso no te mande a estudiar a Estados Unidos. Recuerda quien eres, hijo.
-Bueno, ya hablaremos.
-¿Dónde estás?
-En Alicante. A ver si consigo cerrar algún contrato.
-Suerte entonces. Cuidate, cariño.
-Adeu.
Margot cuelga. Nunca dice adiós.
-¿Con quién hablabas, amor?
-¿Estabas escuchando?
-No, amor, simplemente esperaba a que quedaras libre para mí.
-Ay, nena, me vuelves loco.
Marta se ha puesto un caftan verde pistacho bordado con hilos dorados a juego con las babuchas.
-Pareces una princesa marroquí.
-Y tú serás mi príncipe, cariño.
Marta empieza a desnudarlo.
-Esto no estaba en el guión de ayer.
-Hoy empiezo yo.
-Deja, nena. Si quieres que me desnude yo primero de acuerdo, pero yo solito. Las mujeres no sabéis desnudar a un hombre sin que nosotros hagamos el ridículo.
Cuando acaba Marta le dice:
-Déjame vestirte.
-Sí, como a un muñeco, no te jode. Ven aquí, ahora te desnudo yo a ti.
Marta saca de una bolsa la chilaba que ha comprado en el zoco.
-¿Qué vas a hacer?
La joven le pone el traje musulmán en una pelea que deja a Alejandro kao.
-¡Mierda! ¿Quién demonios eres? ¿La mujer guerrera?
-Concentrate en hacerme disfrutar.