Nadie definiría a Clarisa como una okupa. Era una mujer con los 30 años cumplidos y los 40 años lejanos, vestía bien, siempre de Adolfo Domínguez, y calzaba mejor; unos zapatos Manolo Blahnik elevaban sus pies diez centímetros sobre el suelo. Clarisa llevaba unas mechas californianas perfectas, conseguidas con extensiones de pelo natural que, la última vez, consiguió robar en una conocida perfumería.
-Es la nueva inquilina de Lolita -le susurró Edea a su esposo- ¡Mira que estilo! -Edelmira señaló a la joven desde la ventana de su cocina.
-¿Dónde me dijiste que trabaja?
-En el banco, supongo. Lolita sólo le alquila el piso a trabajadores de banca.
Clarisa no trabajaba en ningún banco. Su último trabajo fue limpiar el cuarto piso tras haberse duchado y secado con una toalla de la casa que estaba okupando. Barcelona era una ciudad fantástica, pensó mientras se secaba. Tiene un montón de pisos vacíos.
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http://tiendacoruna.blogspot.com/
-Es la nueva inquilina de Lolita -le susurró Edea a su esposo- ¡Mira que estilo! -Edelmira señaló a la joven desde la ventana de su cocina.
-¿Dónde me dijiste que trabaja?
-En el banco, supongo. Lolita sólo le alquila el piso a trabajadores de banca.
Clarisa no trabajaba en ningún banco. Su último trabajo fue limpiar el cuarto piso tras haberse duchado y secado con una toalla de la casa que estaba okupando. Barcelona era una ciudad fantástica, pensó mientras se secaba. Tiene un montón de pisos vacíos.
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