Iba solo en su viejo R12, un coche que había conducido su padre cuando él era un niño. Recordó los días de coche, sol y playa. Mamá llevaba una tortilla y fruta, mucha fruta para las comidas familiares sobre la arena. Bebían el agua helada de una fuente del paseo marítimo. ¡Qué tiempos! Ahora mamá estaba en una residencia de ancianos y papá vivía su última juventud al lado de una enfermera. La última vez que lo vio le dijo que iba a tener un hijo.
-No se lo digas a mamá.
-Seguro que se lo dice Patricia.
-Tu hermana no lo sabe. Ya sabes que no me habla.
Le empezó a doler la cabeza. Paró el coche delante de una casa pintada de verde y encendió un cigarrillo. Los locos podían fumar por prescripción médica. Antes de acabar el pitillo se quedó dormido. Despertó al día siguiente. Un gallo cantaba. En la radio del coche un locutor hablaba de una guerra en África.
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http://diariodeunamissculta.blogspot.com/
-No se lo digas a mamá.
-Seguro que se lo dice Patricia.
-Tu hermana no lo sabe. Ya sabes que no me habla.
Le empezó a doler la cabeza. Paró el coche delante de una casa pintada de verde y encendió un cigarrillo. Los locos podían fumar por prescripción médica. Antes de acabar el pitillo se quedó dormido. Despertó al día siguiente. Un gallo cantaba. En la radio del coche un locutor hablaba de una guerra en África.
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