Dios hacía mucho por ellas. Alba y Patricia rezaban mientras iban llenando las bandejas del catering a domicilio de colegios religiosos. Este año tenían uno más. Don Genaro, el párroco de San Vicente, había conseguido que el Colegio de la Virgen Protectora contratase sus servicios de cocina.
-Quieren cocineros católicos.
-Nosotros lo somos -le aseguró Alba.
-Lo sé, hija. Por eso os he recomendado.
Patricia le entregó a don Genaro un sobre con un buen puñado de billetes. Había que ayudar a la Santa Madre Iglesia.
La familia Paredes dejó de ser católica al cien por cien el día que el hijo de Alba fue a vivir en pecado con una chica atea.
-Nosotros te educamos en la religión católica -le recordó su padre.
-Sigo yendo a misa en la Catedral de Santiago, papá.
-Tu novia no va.
-Petra asiste a las asambleas de Podemos.
-¿Es comunista? -le preguntó su madre escandalizada.
-Es seguidora de Pablo Iglesias, pero yo sigo siendo del PP.
Su madre respiró aliviada. No hubiera soportado tener un hijo de izquierdas.
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