Nunca conoció a su madre, pero le habían hablado de ella. Su madre adoptiva guardaba como oro en paño los recortes de periódico con la noticia de su abandono por parte de su progenitora.
-Te dejó en una pastelería -le contaba cuando le apetecía hablarle de sus orígenes-. Seguro que pensó que te iban a dar pasteles, hija, pero no dan nada. Hay que trabajar para comer.
Olivia abría la nevera y sacaba los filetes congelados.
-¿Vas a querer patatas fritas, cariño?
-Tanto me da, mamá.
Su madre adoptiva abría una bolsa de patatas fritas congeladas y las echaba en la freidora.
-Tu otra madre vive ahora a lo grande en Barcelona. Dicen que tiene un puticlub muy frecuentado por los políticos.
-¿Es papá cliente suyo?
-No cariño. Tu padre es hombre de amante fija. Anda con una inglesa que vive en Tenerife. Dicen que la conoció en uno de sus viajes como diputado a las islas.
Olivia había sido siempre cornuda. Eso también se lo solía contar a su hija adoptiva.
-Todos los hombres tienen amantes.
Patricia pensó en su novio. Álvaro era concejal. Seguro que tenía amante aunque siempre le decía que la quería a ella.
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