Pasó la Nochebuena sola. Vestida con su mejor vestido, maquillada, perfumada y calzada con unos zapatos de tacón de otros tiempos, Patricia no echó de menos a nadie. Se sirvió un primer plato de sopa vegetal, un segundo plato de lacón asado en lochas con patatas fritas y de postre comió tres polvorones y un trozo de turrón de chocolate. A su manera era feliz.
Pensó en los días venideros. En enero retomaría su relación con Enrique, el hermano de su cuñada. A Patricia le gustaban los hombres casados. Era una destrozamatrimonios. Sonrió al recordar la cara de desesperación de la esposa de Enrique al descubrirlos fornicando. Se le bajaron los humos de grandeza.
Patricia apagó las luces del salón. No pensó en otras Navidades vividas en compañía. Estaba como quería estar: sola, y la soledad siempre la había hecho feliz.
