Wednesday, February 11, 2015

Los primos de Argentina

 Clotilde recogió en la casa de su suegra a tres indigentes que encontró en la calle. Los tres eran borrachos y los tres cobraban una pensión de 400 euros gracias al buen hacer de la asistenta social del Ayuntamiento.

 -Son primos de tu madre -le dijo a su marido.
 -¿Los de Argentina?
 -Sí, cariño.

 Su marido encendió el televisor. Habia partido del Real Madrid y no quería perderse los goles de Cristiano Ronaldo.

 Su suegra no preguntó nada. Les sonrió a los tres hombres vestidos con os mejores trajes de su difunto Nicolás y siguió calcetando.

 -¿Cuándo se come? -preguntó el indigente más alto-. Yo tengo hambre.
 -La cena se sirve a las ocho.

 Sus dos compañeros se frotaron las manos contentos. Creían que estaban en una residencia de ancianos.

 La cena fue una paella con abundante pollo. Comieron y repitieron plato. Pepe y Arturo también repitieron el postre de natillas de supermercado. Emilio tomó dos cafés. Aquella era una buena vida.

 La suegra de Clotilde siguió calcetando. Los hombre le preguntaban dónde estaba la llave. Querían salir.

 -Necesito un chupito -decía Pepe.
 -Come y calla -le decía Arturo-. Aquí tenemos comida y cama.
 -Yo duermo en una litera -se quejó Emilio.
 -Antes dormías en un cartón -le recordó Arturo.

 Clotilde no volvió a dirigirles la palabra. Ni siquiera les dijo adiós tres meses después, el día que llegó la policía preguntando por tres desaparecidos.

 -Está usted detenida, señora -le dijo un agente.
 -Mi hijo la sacará de la cárcel -dijo su suegra-. La necesita para cuidarme.

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