Monday, March 16, 2015

Una familia que progresaba

 El abuelo era un optimista que creía en el progreso. Se creía un hombre con suerte. Siempre había progresado. Nos hablaba de una infancia en una casa del Lugo rural a donde llegaban los peregrinos buscando un sitio donde dormir.

 -Eran pecadores -nos decía-. Mi padre nunca les negó un techo. Mi madre  les daba un látigo para que se autoflagelaran.
 -¿Y lo hacían? -le preguntaba.
 -Los alemanes no lo hacían. Uno me llamó primitivo porque iba descalzo. Mi padre lo echó de casa. Eran muy pecadores -insistía.

 Mamá recogía la mesa. A mamá nunca le interesaron las historias del abuelo y menos después de la cena. Mamá era una mujer de presentes, no de pasados. Le preocupaba el desempleo eterno de papá o el precio del aceite de oliva.

 -Vamos a acostarnos -dijo.
 -Estoy hablando de mis padres -protestó el abuelo-. ¿Sabes que mi padre era comunista?
 -Así le fue.
 Mi padre era minero y defendía la igualdad.

 Se apagó la luz. Mamá se acordó de toda la familia del Presidente del Gobierno. El abuelo empezó a rezar. Comprendí que estaba loco. Tal vez mamá también lo estuviera. ¿Y yo? No, yo no. Yo quería ser funcionaria y empezar a creer que progresábamos.


 YOLANDA SMITH

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