Mi hermano había preparado un plato de liebres que olían en la calle donde una vieja paseaba un gato sujeto con una correa pensada para un perro. Me senté ante el televisor. Jugaba el Real Madrid con un equipo europeo cuyo nombre era impronunciable para mí.
Llegó la novia de mi hermano y me miró fijamente. Imaginé un encuentro amoroso con Olga. Susurró que ella pensaba lo mismo. Mi hermano me había contado que su novia le había sido infiel con un señor que le preguntó la hora en el supermercado.
No tuvimos tiempo para intimar. Mi hermano salió de la cocina furioso. La echó de casa.
-¡Has gastado todo el dinero en ropa! -gritó.
Olga marchó sin decir nada. Mi hermano me contó que también le había dado dinero a un hermano suyo que viniera en una patera hacia una semana.
-Mi próxima novia será española. No quiero más negras.
-Te estás volviendo racista.
-Tengo motivos. ¿Sabías que no me dieron el trabajo de reponedor? Contrataron a un colombiano. Por eso tenemos que comer liebres cazadas en el monte. Soy pobre.