LLegó a Nueva York para vengarse y su ansçia de venganza se hizo más firme viendo a los Santa Claus que salían borrachos de los bares. La Navidad era una buena fecha para consumar una venganza contra un marido que se ganaba la vida como escaparatista. Paco hacía arquitecturas en miniatura en los escaparates de los comercios neoyorkinos.
Carmen se dirigió a una juguetería que había en la Quinta Avenida. La recibió un Pato Donald hablando del cambio climático. Se apartó de él y tropezó con un peluche de tamaño gigante. Carmen le tocó la barriga para comprobar que dentro no había vida humana. Paco era capaz de esconderse dentro de un muñeco si la había visto llegar. Le preguntó a una dependienta de la juguetería por Paco.
-Tenemos un curso de cocina -le contestó la joven.
-Te estoy preguntando por mi marido.
-Vendemos árboles de Navidad.
-Sois unos capitalistas.
Carmen fue directa a Brooklyn. Allí tampoco encontró a Paco. Pues se vengaría igual, pensó. Entró en un teatro y gritó que Paco era un mal padre. A su alrededor las bailarinas levantaban las piernas en una coreografía bien ensayada. Llovieron los aplausos. Carmen seguía gritando que su marido, el escaparatista más famoso de Nueva York, no pagaba la pensión de sus hijos cuando terminó el espectáculo. Se vio rodeada por un grupo de hombres con cara de ejecutivos. Todos querían un autógrafo de la bailarina-actriz del musical Cielo estrellado.
--------------------