Monday, December 28, 2015

Un futuro como el de Marco Polo

 Su hijo nacería en la isla de Córcholis, donde nació Marco Polo. Lo pensó mientras cruzaba el Mediterráneo en una patera. Así fue. Su hijo, un niño tan negro como el carbón, nació en Dubrovnik, la ciudad más bonita que había visto jamás. Salma vivía en una pequeña habitación del casco histórico, en la casa de una vieja que sólo hablaba de la guerra de los Balcanes.

 -La casa me la restauraron los de la Unesco -le contaba-. No dejes que tu negrito me pinte las paredes, hija. Los de la Unesco no vuelven a pagarme una reforma.

 Salma acunaba a su hijo y soñaba con un futuro para el niño como el de Marco Polo. Su casera seguía hablando de la guerra asomada a una ventana que daba a un callejón. Era julio y los turistas llenaban el casco histórico de la ciudad. Cerca estaba el puerto, no muy grande, pero con los suficientes barcos de pesca como para que las tiendas pudieran ofrecer a sus clientes todos los días pescado fresco. La casera se apartó de la ventana y volvió a sentarse en el sillón de orejas del salón. 

 -Deberías trabajar, hija. Vivir de la caridad de la iglesia no es plan. El día menos pensado te niegan los potitos del niño y no sé qué le vas a dar de comer sin dinero.
 -Podría alquilar la otra cama que hay en mi cuarto. Mi prima acaba de llegar de Nigeria y está buscando alojamiento.
 -No seas capitalista, hija. 
 -Ganaríamos las dos.
 -Ni lo sueñes.

 El niño de Salma se soltó de los brazos amorosos de su madre y se asomó al balcón del salón del humilde piso de la anciana. En la calle, la prima de Salma esperaba. El niño sonrió. La prima entendió que podía subir y entró en el portal abierto. 

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