La mujer arrugada pedía Nivea antiarrugas. La cajera del supermercado no pudo evitar reírse. Llamó a una compañera.
-La señora quiere Nivea antiarrugas.
-Ahora se la traigo.
Su compañera regresó con una Nivea de lata. Desde hacía dos años atendía los pedidos de doña Asunción. A la buena señora siempre se le olvidaba la Nivea.
-También le pongo al perrito -le confesó.
-Hace bien.
Doña Asunción pagó el importe de la crema y marchó dejando tras si olor a pescado hervido.