Saturday, June 09, 2007

El sueño garimpeiro, 1


Las noches en la selva siempre son tenebrosas. Una sinfonía constante de gritos, cánticos, zumbidos, aullidos... rompe el silencio. Los árboles parecen más altos y la vegetación más tupida que a la luz del día.

En el campamento de los "garimpeiros" la televisión emite a todo volumen una telenovela. Un grupo de hombres se agrupan en torno a la pantalla sintiendo como propias las penas de los protagonistas. Atrás quedan muchas horas de intenso trabajo metidos en una fosa de varios metros de profundidad buscando oro.

Alexandre ha terminado su ducha diaria y observa a sus compañeros. ¿Qué ganarán viendo esas tonterías que emite "Globo"?. Él preferiría ver las noticias. Le interesa conocer lo que pasa en el mundo.

Aún falta un rato para que termine el capítulo de hoy. Alexandre saca del bolsillo del vaquero la carta que le trajo el jefe de Juína. Es de su madre. Le cuenta las cosas de siempre: la abuela Xanga está muy bien, sus hermanas quieren emigrar a España y si le puede mandar más dinero. Alexandre suspira. Su madre siempre pide más. Si él le pudiera pedir dinero al jefe como le piden a él sus familiares...
Alexandre decide acostarse pronto después de acabar de comer la feijoada que les sirve Neiva como cena. La caipirinha empieza a hacer su efecto en el improvisado hogar de los garimpeiros. Mientras sus hombres se emborrachan, el encargado negocia con dos Enawene-Nawe el porcentaje. Alexandre oye la discusión que traspasa las paredes de la chabola. Tanto negociar para qué. Si el dinero sirviera para civilizarlos, pero no, no lo utilizan para hacer casas, prefieren sus chozas, ahora con televisores comprados gracias a las ganancias que les proporciona el alquiler de sus tierras a los garimpeiros.

Pero no se puede culpar a los indios de tener costumbres poco propicias para el progreso. También en las ciudades se derrocha mucho. La gente sucumbe muy fácilmente a los vicios.

Neiva se sienta a su lado. Alexandre la empuja. Ella se levanta enfadada; le llama cura.

Los sacerdotes dicen practicar el celibato, aunque Alexandre siempre oyó contar muchas historias de curas con descendencia. El pecado no respeta ni a los representantes divinos.

-"Muito dinheiro", el jefe te llama.

Alexandre se levanta. Cristovao le indica donde lo esperan.

En un claro de la selva Mateus silba furioso. Siempre silba cuando no tiene dinero y últimamente suele ocurrir con frecuencia. El chope es su perdición.

-Hay que pagar

Alexandre se encoge de hombros.

-Si no pagamos nos denuncian a la FUNAI por ilegales.

La FUNAI es la Fundación Nacional del Indio, un organismo estatal responsable de impedir las invasiones de tierras indígenas.

Alexandre se ríe. Los de la FUNAI seguro que ni los conocen.

-¿Sabes quién es el Presidente del Brasil? -le pregunta al indio más joven.

El joven, completamente desnudo, tapa sus genitales con una cinta para indicar su pertenencia al mundo adulto. Mira al otro enawene nawe con cara de no entender.
Mateus explota indignado:

-Saca la bolsa y paga, ¡hostia!. ¡Déjate de coñas!.
-Soy un trabajador.
-Y mañana no lo serás si tenemos que hacer las maletas.
-Bueno, en Portoalegre ahora viven muy bien.
-Dinheiro -dice el indio mayor.
-Él paga.

Alexandre asiente.

-Sí, pero antes hablamos unas cosas tú y yo.
-Dinheiro -insiste el indio.
-Esta noche, más tarde.

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El jefe de los enawenê nawê lo espera sentado delante de la choza. Hay tantas chozas como clanes: nueve. Y cada una de estas improvisadas viviendas se divide en tantas habitaciones como número de familias forman el clan.

No se ve a nadie fuera.

Alexandre sabe que si las negociaciones del porcentaje marchan bien lo celebrarán ya esa misma noche con cánticos alrededor de una hoguera.

El indio se levanta al ver a Alexandre y lo coge de la mano. Es un signo de amistad. Lo lleva a una estancia común. Allí empieza la negociación.

A Alexandre le cuesta entender al anciano. Su brasileño elemental se mezcla con vocablos de su lengua materna. Le señala insistentemente el suelo de tierra pisada de la choza.

-Pai, pai...

Alexandre recuerda que los enawenê nawê entierran a sus familiare en su propia casa cuando mueren. Le da el pésame.

El indio se lo agradece y continua hablando. Alexandre consulta el reloj impaciente. Con Mateus aquel hombre no hablaba tanto, iba a por la pasta y punto. Trata de concentrarse. Cree entender que los hombres han marchado de la aldea para pescar. Suelen echar dos meses fuera. Eso tranquiliza a Alexandre. Si no llegan a un acuerdo en el porcentaje esa noche, habrá más días para convencer al viejo sin tener un inminente enfrentamiento con la tribu.

-¿Cuándo van a celebrar el Yákwa?.

El Yakwa es el "banquete dos espirítos" que celebran cuando los hombres de la tribu regresan con la pesca. Siempre le ofrecen a los espíritus los peces antes de consumirlos.

El anciano señala las flautas ya preparadas para la fiesta. Alexandre sabe que ya estaban listas para ser tocadas para aplacar los malos espíritus antes de la partida. Comprende que lo mejor es acelerar la negociación. Si vienen con poca pesca habrá más problemas para llegar a un acuerdo.

-Dinheiro -le dice al indio.

El anciano asiente. Le dice una cantidad. Alexandre rebaja la cifra. El indio propone otra cantidad inferior. Alexandre insiste en su oferta...

Finalmente llegan a un acuerdo. El anciano se deja llevar por la codicia del efectivo en dólares americanos. No sabe que está cobrando una cantidad inferior a la pedida en moneda brasileña.