Saturday, June 02, 2007

Los pájaros muertos

Mi hermana dice que tengo que hacer un informe sobre los bombones Ferrero Rocher para la empresa Adiós. No sé por donde empezar. ¿Puedo decir que no me gustan los rocheros? Ya lo he dicho: no me gustan. Detesto los bombones en general y los Ferrero Rocher en particular.

El chocolate me gusta, la nocilla me agrada menos, pero los bombones que no me los pongan delante.

Cleo trajo un día una cajita de tres unidades. Se la había regalado su novio y ella, que no tira nada, la puso sobre la nevera.

-Los Ferrero se derriten con la calor -nos dijo-. Dejadlos ahí.

Allí estuvieron tres meses. Cleo cambió de novio tras el verano, y los rocheros no se habían derretido. Nos olvidamos de ellos hasta el día que el canario se fugo de la jaula. También nos habíamos olvidado del canario.

-¿No oyes un pío pío fuera de sitio? -le preguntó mi madre a Cleo.
-Es el canario, mamá. Está picoteando el techo de la nevera.

Mi madre llamó al abogado para que preparara el divorcio. El canario era el pago en especie que le dieron a mi padre en la empresa antes de la quinta quiebra y, como había destrozado el frigorífico que heredó mi progenitora de una tía que nunca conocimos, había motivo de divorcio.

Mi hermana Cleo quitó el motivo: nuestro canario sólo picoteaba la caja de plástico transparente de los bombones Rocher.

Tuvimos muchas ocasiones para comprobar la dureza del envase porque el canario se hizo adicto a los rocheros. No quiso más pienso. Ni siquiera aceptó, en los momentos de escasez de bombones, los cereales de mi hermano aristócrata. Me refiero al forofo de la play station. Tampoco quiso las magdalenas que compra mi hermano filólogo. Sólo comía Ferreros Rocher.

-El canario se volvió señorito de tanto ver a Isabel Preysler en la tele con los bombones y los invitados -nos dice mi madre.

Cleo, siempre muy informada, le recuerda que el anuncio de navidad de los rocheros lo hace Paloma Cuevas.

-Son parecidas.
-No, mamá. Una es filipina y otra es española.
-Dos que viven del cuento.

Es lo que estoy tratando de hacer yo en este mismísimo momento: vivir del cuento. O mejor dicho: intentar que mi canario viva del cuento.

Ya tenemos otro canario. El primero murió de hambre el treinta de abril. Mi hermana Cleo no pudo comprarle sus Ferreros Rocher porque la empresa Adiós no le pagó.

-Eso te pasa por no trabajar para la empresa Hola -le decía yo mientras Cleo raspaba el último bombón ante el pico del canario moribundo.
-Calla, Mariló. Distraes al pájaro. ¿No ves que está comiendo las avellanas?

La capa de trozos de avellana que recubre el bombón fue el último desayuno del canario. La galleta se la dimos al mediodía. El chocolate nocilloso lo tomó como merienda. Y la nuez del centro la picoteó a las once de la noche.

No había más bombones. Cleo nos acusaba de haber comido cajas de 24 bombones.

-Jamás de los jamases trajiste tantos bombones rocheros, Cleo. Tu empresa Adiós te paga una miseria.

Mi hermana me lanzó una mirada asesina. Es una buena trabajadora: trabaja por amor al arte y no critica a los jefes.

-El pájaro muere. Ya no tiene pulso.
-Si está muerto, entierralo en la maceta de los geranios -le dijo mi madre.

Mis hermanos lo amortajaron en una caja de bombones Rochero Ferrer de 16 unidades.

-Descansa en paz, canario -dijimos los seis a la vez, cuando el improvisado ataúd fue cubierto por la fértil tierra.

Pero a pájaro muerto, pájaro llegado. a mi padre le pagaron otra reforma con un canario.

-Este también come rocheros.
-Pues puede ir muriendo -comentó mi hermana-. La empresa Adiós me envió una carta dicendo que no paga hasta finales de mayo.

Intenté convencerla de que destinara una parte de sus otros variados ingresos a la alimentación del nuevo canario. Cleo se negó. Según ella, cada partida de ingresos se destina a cubrir el gasto correspondiente. Los bombones Ferrero Rocher, en mi casa, sólo se pueden comprar con los pagos de la empresa Adiós.

El segundo canario murió de inanición tras un mes de huelga de hambre. Los de Adiós no le pagaron a Cleo. Son culpables del suicidio forzado de nuestra avecilla.

-Menos mal que cabe en una caja de tres unidades de rocheros -dijo mi madre cuando preparamos el segundo entierro.
-Hay que guardar la caja vacía de 16 unidades para el siguiente pájaro. Me dijo la clienta de nuestra empresa de reparaciones que el canario del mes de junio pesa doscientos gramos.
-Dile a la de los pájaros que en esta casa vivimos de los euros.

Mi padre no le dijo nada. Ayer llegó con el tercer canario.

-Tengo que hablar con vuestra tía Maricomplejines. Dicen que su nuevo amante es valenciano. Él nos puede enviar unas cuantas avellanas del Mediterráneo para que el canario vaya tirando hasta que tu hermana pueda comprarle bombones rocheros.

De momento aún no nos han llegado las avellanas. Cruzo los dedos para que lleguen a tiempo. Mi hermana cree que si el paquete de avellanas no llega en dos días, el pájaro muere.

-Éste es más fino, Mariló. Hay que darle Mon Cheri.
-con un poco de suerte, le daremos avellana mediterránea sin elaborar.
-Los Ferrero Rocher normales no le van -insiste Cleo-, y los Ferrero Küsschen tampoco.

Mi hermana es una soñadora. Como siga soñando, no va a tener dinero de la empresa Adiós para comprar los nuevos rocheros en octubre.

-Cuando me ingresen los dos pagos pendientes, compraré una caja de Ferreros con Mon Cheri. ¿Sabes que los mezclan en el mismo envase?

Yo sólo sé que Cleo trabajó para el inglés y yo, Mariló para la familia y María de la O para la pila bautismal, acabo aquí este relato por amor a la literatura surrealista.