
Sor Teresina tomaba su merienda al lado del teléfono mientras hojeaba el periódico.
-Mire, Jacinto, dice el periódico que las manifestantes ya han abandonado el convento benedictino.
-Ya vi, hermana. La de cosas que pueden pasar en un mes: Tomás se fue para Roma, el hermano Samuel es el nuevo prior, el convento tuvo que abolir esa norma tan arcaica,...
-Modernizarse, Jacinto, modernizarse. Se lo decía yo siempre a Tomás: no se puede ir contra corriente. Iras un trecho, pero más pronto o más tarde, la fuerza de las aguas te vence.
-Y todo comenzó con la visita de los franceses. La rubita era de armas tomar.
-SÍ, Fleur -asintió la anciana.- Una flor con espinas como diría la superiora. Caroline era más calmada. Cada vez que pienso que nos mango unos de los trajes del cuarto de planchar... ¡El problema que le ocasionó a Clarita!.
-Por cierto ¿tuvo noticias suyas?
-Sí, me llamó la semana pasada. Está en Madrid trabajando de camarera en un hotel. Yo le dije: "Clarita, tú ten cuidado. No te metas en líos malos". Y ella me dijo que estuviera tranquila... En fin: será lo que Dios quiera.
-Sí, hermana, será la voluntad de Dios. Él no la quiso para servirle. Por eso marchó.
-¡Otra vez hermana!. Soy Teresina sin más. Deja lo de hermana para otras como esa que se acerca.
La monja que se acercaba era la hermana Dolores. Venía rezando. Como siempre.
MARÍA S.