Las manifestantes montaron un campamento ante la puerta del monasterio. El prior se sentía desbordado por la situación. Primero algunos hermanos habían mostrado unos síntomas de ... chochez y ahora aparecían aquellas alborotadoras. Bueno, ya se cansarían pensó. Las normas del convento eran las que eran.
-Padre, acaba de llamar la superiora de las contemplativas diciendo que no encontraron el hábito perdido pero ya han confeccionado otro. Se lo envían por Jacinto.
-Esta bien, hermano Samuel.
Volvió a sonar el teléfono. El prior oyó como el hermano Samuel contestaba: "No hay nada que decir". Eran de la prensa otra vez. Las alborotadoras los iban a llevar a la ruina poniéndolos de noticia sensacionalista en todos los medios de comunicación. El teléfono no dejaba de sonar. El prior chilló colérico:
-¡Hermano!. Descuelgue ese dichoso aparato a ver si nos dejan en paz.
Se oyó el ruido de un coche. Era Jacinto, menos mal, pensó el prior. ya temía ver un equipo de televisión filmando el escándalo.
"Miralo, el muy tonto se queda pasmado mirando para las chicas. Se pone a hablar con ellas y olvida a lo que ha venido. Le estará contando que es hermano del prior, como le dice a todo el mundo".
-¡Jacinto!
-Ah, hola Tomás. Estaba hablando con estas jóvenes...
-Dame ese paquete.
-¿No me invitas a tomar un café?.
-Hoy no estoy para tomar cafés -y bajando la voz continuó- Vuelve con las monjas y no me crees más problemas.
-Ese problema lo provocaste tú -dijo Jacinto señalando las tiendas de campaña .- Esa tontería tuya de no dejar pasar a las mujeres. Como decía Cristo: "Dejad que se acerquen a mí".
-Jesús dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí", burro.
-Bueno serían niños y niñas.
-Siempre poniéndole peros a la palabra de Dios. Ve con las hermanas y reza, Jacinto. Tu alma es muy pecadora.
Para el prior fue un día terrible. El campamento de protesta seguía en pie. La prensa se había desplazado hasta allí y entrevistaba a las manifestantes. ¿No se daban cuenta de que estaban ante un lugar sagrado?. Le vinieron a la mente las palabras de Jesús agonizando en la cruz:
"Padre perdónales
porque no saben lo que hacen".
-Padre, nos vamos mañana por la mañana. Quisieramos pagarles ahora la factura.
-Vengan a mi despacho. No saben cuanto lamento que su estancia con nosotros no haya sido todo lo tranquila que debería.
-Oh, no se preocupe. Ha sido muy divertida -dijo Henry.
El prior sacudió la cabeza. ¡Aquellos franceses!. Un convento no es un circo para divertirse.
El despacho del prior era totalmente espartano. En la pared había un único cuadro: una imagen del fundador de la orden benedictina. La mesa de madera noble y tres sillas que habían conocido tiempo mejores. Lo mismo se podía decir de la alfombra.
Jacques pagó la factura dejando una propina del diez por ciento.
-Gracias. Espero volver a verlos alguna otra vez.
-Quizá -dijo Jacques .-El claustro gótico nos encantó. Hice fotos para enseñárselas a Fleur. Es una pena que no pueda verlo in situ.
-Ya le dije: es una norma del convento la prohibición de mujeres dentro del recinto.
-¿Qué van a hacer con las feministas? -preguntó Henry.
El prior se encogió de hombros.
-Ya se marcharan... Un par de noches a la intemperie les hará desistir de su actitud.
-Yo no les veo intención...
-¡Padre!
"¿Otra vez Samuel!. ¿Qué perdería ahora?.
-Estoy ocupado, hermano.
-Lo sé, padre, perdone, pero... es que han entrado en el convento...
-¿Las mujeres?
El prior se puso de pie.
-Sí, padre, yo cogí una en la cocina. Iba vestida con un traje de monje -el hermano Samuel le enseñó el traje.
-Querrá decir que cogió un traje. ¿Dónde está la chica?.
-Me escapó. Se me escurrió de las manos.
-Vamos a buscarla. Usted compruebe que están cerradas todas las ventanas. Deben de haber roto algún cristal para entrar.