Thursday, June 14, 2007

El sueño garimpeiro, 2

Desde que es el jefe del garimpo el asedio de Neiva se ha incrementado. Lo persigue hasta en la zanja sin importarle los chorros de agua a presión que la salpican de barro. Ella, botella en mano, detrás de él. Alexandre comienza a comprender el alcoholismo de Mateu. Y su ruina también. Nada queda del hombre que lo sacó del mísero Portoalegre de hace unos años. Los dólares se le fueron más en mujeres que en bebida... o en las dos cosas porque mujeres y borrachera suelen ir unidas.

-¡Guarda la caipirinha para la noche!.
-¡Venga chicos!. ¡Un trago a la salud de Lula!
-Sí -contesta Mateu-. ¡Por el PT!.
-¿Quién es ese?.
-El Partido de los Trabajadores, mujer.
-¡A trabajar! -grita Alexandre -. Neiva, o marchas o te metemos en la zanja.

Neiva marcha maldiciéndolo. No le saca dinero como le sacaba a Mateu. Neiva no tiene futuro y ve acabar su presente sin encontrar una salida digna a su vida. A veces cree que los malos espíritus de los enawenê nawê la han tomado con ella. Los maldice deseándoles una mala pesca.

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Los hombres han vuelto a la aldea pero no están contentos. Neiva observa desdes la maleza las danzas y música de flautas con que son recibidos. No puede evitar rezar un padrenuestro en silencio ante tanto desnudo poco cubierto. Es pecado, ella lo sabe desde niña: las monjitas del dispensario siempre se lo decían cuando acudía a buscar medicinas medio desnuda. No sabe por qué, pero ir por la vida desnudos es un pecado muy grande. Incluso más que acostarse con todo el campamento de garimpeiros.
¿Serán de oro las pulseras y collares que adornan los cuerpos desnudos?. Neiva es analfabeta pero sabe contar. Si toda aquella chatarrería es oro, vale un pastón. Le solucionaría la vida para el futuro. Iría a vivir al Portoalegre ese del que tanto habla Mateu. No tiene intención de volver a Brasilia.

La fiesta termina pronto. Definitivamente la pesca no ha sido buena. Poco le tienen que agradecer a los espíritus este año. Neiva los ve marchar en fila india hacía la cabaña central. Se da cuenta de que todos son hombres. Las mujeres se ocupan de la pesca traída en un rincón del campamento.

Entonces a Neiva le viene una idea. No la piensa mucho porque ha visto clarísimo su futuro sin utilizar bola de cristal. Alexandre y compañía ya pueden ir buscándose otra cocinera.