La tía Gloria llegó del brazo de un señor rubio con aspecto de don Juan de playa. Nadie los esperaba en el cumpleaños de la abuela. Mamá los miró seria y no dijo nada.
-¿Dónde nos sentamos? -preguntó la tía Gloria.
La abuela le señaló una silla a su lado.
-Tú aquí, hija. Tu novio puede sentarse a mi izquierda.
La tía Gloria nos habló de sus vacaciones en Marbella. Mucha playa, nos dijo, y alguna fiesta.
-Estuve en la casa de los vizcondes de La Torre. Juanita cumplió los noventa, mamá. ¿Sabes que me preguntó por ti? Le dije que estabas de viaje en Italia.
-No he vuelto a Italia desde que e hice masona, hija.
-También le conté a Juanita lo de tu masonismo. Se escandalizó.
La abuela empezó a comer la sopa de gambas peladas que le sirvió mamá.
-¿Es masón tu novio? -le preguntó a la tía Gloria.
-Peter es un escocés partidario de la independencia de Escocia.
Mamá subió el volumen del televisor. Lo hacía siempre que alguien hablaba de política en casa. La tía Gloria y su novio marcharon cuando la abuela apagó las velas de su tarta.
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