Su hijo nunca había sido periodista, pero escribía una columna muy bien pagada en el Diario de Sierra Nevada, un periódico de tirada nacional muy prestigioso. Elena no podía creer que Manolito llegara tan lejos.
-Voy a dirigir el periódico -le dijo un día. Seré el director de un periódico más joven.
-¿Cómo lo conseguiste? -le preguntó Elena.
-Creen que soy hijo del Conde de Ciudad Real.
-Tu padre era barrendero, cariño -le recordó Elena-. Un buen hombre, por cierto.
-Un hombre que no supo prosperar, mamá.
-No hables así de papá.
-Perdona, mamá, pero me pongo nervioso al recordar lo poco que le pagaban.
-¿Cuánto te pagan a ti?
Nicolás sacó una nómina del bolsillo y se la mostró. Su madre asintió.
-Te valoran mucho, hijo.
-¿Quieres venir conmigo a la fiesta de Fin de Año del periódico? Va a venir gente muy interesante.
-¿Algún conde de verdad?
-Está invitado el Duque de Matogrande. Le hablé de ti el otro día.
Elena empezó a imaginarse como Duquesa de Matogrande. Le gustaba la idea. Su hijo tenía razón al intentar prosperar.