Despertó con el ruido de dos respiraciones. Un brazo sujetaba el suyo. Alfredo se quitó de encima la mano femenina. Entonces despertó el perro, un can de raza indefinida y tamaño pequeño. El perrito subió a la cama y le lamió la cara. Alfredo gritó. La mujer seguía durmiendo. El perro seguía con sus lametones a una Alfredo que no sabía qué hacer para quitárselo de encima.
Se abrió la puerta. Su madre, con el cabello mojado en tubos, lo miró con desprecio.
-Eres peor que tu padre. Un asco. ¿quién es esa?
-Ni idea.
-La metiste en mi casa -le reprochó mamá.
Alfredo despertó a la rubia.
-Oye, ¿quién eres?
-Paris Hilton, cariño.
-Una loca -dijo mamá-. Sácala de mi casa.
La rubia se levantó. Llevaba puesto un camisón de su madre. El perro la siguió al cuarto de baño. Media hora más tarde marchaba.
-Te espero esta noche en el club. Recuerda que soy Paris Hilton.
