Lola no se sorprendió cuando le dijeron que su ex marido estaba ingresado en el hospital por envenenamiento por setas. Era el destino, pensó. A Pepe le gustaban tanto las setas que las comía hasta venenosas. Lola recordó cuando casi la dejó viuda tras una cena romántica en un restaurante especializado en platos de champiñones. No se había separado de su cama. Un año después, Pepe se separó de su vida para unir su existencia con la de una tal Olivia venida de Argentina. Los hombres son unos desagradecidos.
Su hija estaba de los nervios. Se probaba los vestidos negros de fiesta temblorosa.
-¿Cuál me queda mejor para el entierro, mamá?
-Tu padre está vivo, cariño.
-No quiero que su trágico final me pille sin haber elegido un vestido negro adecuado para el velatorio.
-Con ese vestido estás perfecta, hija -dijo una voz masculina.
-¡Papá!
-Las setas no me han matado, pero, me han dejado viudo. Murió Olivia.
Su hija se quitó el vestido negro sin decir nada. Su ex mujer abrió una botella de cava, sirvió dos copas y brindó con la hija. Mario marchó. Lo estaban esperando los de la funeraria.