
Los monjes de la excrusión no aparecieron hasta las mueve menos cuarto. Fleur los vió desde su escondite entre los arbustos. Henry y Jacques venían con ellos.
El prior les abrió la puerta.
-Dentro de quince minutos ya es la cena -les recordó.
Fleur salió de su escondite y se puso a la cola del grupo. Había puesto la capucha del hábito y bajó la cabeza para ocultar la cara. Levantó disimuladamente el faldón del traje. No era cuestión de echarlo todo a perder con un tropezón. Una vez dentro, Fleur cerró la pesada puerta. Los monjes se dirigieron a sus celdas. Fleur también subió la escalera envuelta en la oscuridad. Al principio de la fila vió al prior iluminando con una vela el camino a los huéspedes. Tomaron el pasillo de la izquierda. Los monjes el de la derecha. ¿Qué hacía?. Suguió subiendo, tropezó con una puerta de madera. ¿Habrían oído el golpe?. Abrió la puerta. Sacó una linterna de la bolsa y enfocó la estancia. Era la biblioteca. Un buen sitio para pasar la noche.
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Después de hacerle compañía a los ancianos del asilo durante toda la tarde, Caroline regresó a su habitación. Ya al entrar vió la nota que le había dejado Fleur sobre la colcha granate.
"¡Qué cara!", pensó, "primero nos propone estas vacaciones atípicas y ahora nos deja pllantados. Sobre todo a mi. Jacques tiene a Henry para hacerle compañía pero yo me quedé sola".
Caroline temía la soledad de un modo espantoso.
"Mañana llamaré a Jacques" decidió.
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-¿No viene tu amiga a cenar? -le preguntó sor Teresina.
-No. Marchó para una casa rural y no vuelve hasta el domingo.
-No le gustaba el convento, ¿verdad?. Eso le pasa a muchos jóvenes. Vienen huyendo del ajetreo de las ciudades pero no pueden vivir sin comodidades. Aqui no tenemos ni televisión...
-Tienen otras cosas... paz, tranquilidad...
-Si, eso si.
-Hermana Teresina, te estamos esperando para bendecir la mesa.
-Ya voy, Dolores... ¿Sabías que marchó la otra chica?.
-Si, la vi irse con el coche. Ya informé a la superiora. ¿Vas a pagar tú las dos estancias? -le preguntó a Caroline.
-Si, cuando mi compañera regrese el domingo a buscarme le abonaremos la factura.
-Bien, bien eso es lo que me importa.
-Dolores, mira que eres pesetera, hija.
-Hermana, aqui no se vive del aire.