
La cena fue sencilla pero exquisita. Una sopa de verduras de primer plato, un segundo plato de guiso de trucha y de postre leche frita. Las monjas comían en otro comedor. A Fleur le extrañó.
-Tampoco se mezclan con la gente en la iglesia -la informó Caroline -. Sor Teresina me dijo que asistían al oficio religioso en unos bancos detrás de unas rejas.
-Ni en la Edad Media vivían más apartadas.
-Son sus costumbres.
-La monja que no nos quiso presentar la vieja era muy joven, ¿verdad?. Como mucho tendría veinte años.
-¿Ya estás pensando en ligartela?.
-¿Jacques! -le reprendió Caroline -.¿Cómo le dices eso a Henry?. Tienes una mente perversa.
-Yo de Fleur tendría cuidado con Henry. No es muy de fiar.
-Fleur confía en mi.
Fleur estaba desconectada de la conversación. Observaba al señor que servía la mesa. Caroline le había dicho que se llamaba Jacinto y venía desde el pueblo a ayudar a las monjas. A Fleur le gustaría poder hablar con él a solas.
-Fleur, ¿en qué piensas?
-En nada -trató de concentrarse en la conversación-. ¿Qué tal os ha ido a vosotros?.
-Un aburrimiento -se empezó a lamentar Henry-. Cariño, si no marchamos pronto se me va a caer el convento encima. Tanto silencio está acabando conmigo.
-Tú siempre tan exagerado. No aprecias lo bueno. Tienes la suerte de pasar unos días en un edificio construido hace siglos y te quejas.
-Fleur tiene razón -terció Jacques-. Si vierais el claustro gótico... Tiene unos arcos inmensos.
-Es curioso. La arquitectura gótica española no se caracteriza por una gran altura si la comparamos con la francesa por ejemplo.
-Ojalá pudieras verlo -deseó Jacques-.Te haré algunas fotos del claustro.
Fleur se dijo que lo iba a ver y no sólo en fotografía.