
Segundo día
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Las monjas se levantaban temprano. Aún era noche cuando Fleur oyó pasos por el convento. Miró el reloj. Eran las seis de la mañana. Fleur decidió levantarse ella también.
Después de tomar una ducha se puso unos pantalones vaqueros y un top. Abrió un palmo la puerta. No se oía nada, las monjas debían estar rezando.
Fleur recorrió los pasillos silenciosos. Caroline le había dicho que además del monasterio las monjas regentaban un asilo de ancianos y una casa de acogida de peregrinos.
En el jardín el hombre que les sirvió la cena cortaba rosas.
-Hola. Mucho madruga usted -la saludó.
-Usted también... ¿vive aquí con las monjas?
-No, señorita. Vivo en el pueblo pero paso todos los días aquí. Ayudo a las hermanas en lo que necesiten.
-Pensé que era usted sacerdote.
-No, Dios no me ha dado vocación para ser cura. Mi hermano Tomás es monje. Está con los benedictinos.
-¿En el convento donde no pueden entrar las mujeres?
-Si -Jacinto miró a su alrededor y bajó la voz -.Las feministas andan un poco mosqueadas por eso. Dicen que ellas también tienen derecho a ver el convento.
-Tienen toda la razón.
-Tendrán pero hay cosas peores. Por lo menos allí tienen televisión y radio. Aquí ni eso. Las monjas viven apartadas del mundo.
-Si no está de acuerdo con su forma de vivir ¿por qué las ayuda?.
-Las ayudo porque no tengo familia. Un día acabaré allí -señaló el edificio del asilo.
Fleur sintió un escalofrío.
-Es usted pesimista.
-Sí, lo soy.
-¿Su hermano no sale nunca del convento?
-Desde hace unos años le dan quince días de vacaciones para visitar a la familia y las tardes de los jueves y el domingo se pueden ausentar del monasterio. Tomás va con otros monjes a hacer senderismo. Nunca viene a verme.
-¿Usted no va a verlo a él?.
-Al principio iba pero me cansé. Tomás siempre trataba de convencerme para que tomara los hábitos. Si quiere decirme algo me llama aquí, al convento o me manda el recado por las monjas.
-¿Por las monjas?
-Sí. Dos veces por semana van allá a llevarles la colada.
-Entonces a ellas las dejan entrar.
-No. El prior recoge los cestos de ropa limpia en la puerta y les entrega la ropa sucia.