Saturday, March 03, 2007

Las vacaciones de Fleur (1)




En medio del frondoso valle se alza el monasterio benedictino, un conjunto arquitectónico que se fue ampliando a lo largo de los siglos. Los huéspedes bajan del coche y contemplan admirados la fachada de la iglesia. Fleur reconoce el inconfundible estilo barroco español, más equilibrado en sus exteriores que el italiano.

-Bueno, aquí estáis sanos y salvos -dijo Jacques señalando el monasterio .-Como siempre acerté con la carretera a tomar.
-Acertaste porque tu hermano la tenía señalada en el mapa.
-Yo la reconocí. No es fácil encontrar todas las carreteras en el plano.
-Dejad eso -protestó Fleur -Vamos a entrar. No veo el momento de darme una ducha.

Henry golpeó la puerta con la mano de hierro que colgaba a modo de llamador. Fleur se tapo los oídos furiosa.

-¿No tienen un timbre decente?
-Yo no veo otra cosa.

La puerta de madera se abrió lentamente. El prior los recibe con una sonrisa de oreja a oreja que se borra cuando repara en la presencia de las dos muchachas.

-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarles?.
-Veníamos a pasar unos días con ustedes, si tienen alguna habitación libre, claro -dijo Jacques.
-Tenemos habitaciones desocupadas pero sólo para huéspedes masculinos.
-¿Cómo? -preguntó Fleur sin dar crédito a sus oídos.
-En este monasterio no pueden pernoctar las señoritas. Lo siento pero esa es la norma.
-¿Por qué esta discriminación?. Pensé que visitábamos un país democrático.
-No es cuestión de política, señorita. Son las normas internas del convento.
-Mi hermano estuvo pasando unos días con ustedes el año pasado y no me comentó nada sobre esta norma -dijo Jacques.
-No tenía por qué conocerla, pero debió observar que tanto los huéspedes como los peregrinos que pernoctan en el monasterio son hombres.
-Y si viene una mujer ¿qué hacen?. ¿La dejan pasar la noche en esta selva? -Fleur señaló los altos árboles que rodeaban el convento.
-No, nosotros al igual que nuestro fundador San Benito de Nurcia, abrimos nuestras puertas a todo aquel que busque a Dios sin preguntarle por su pasado.
-Menos a las mujeres, claro. Nosotras, según ustedes, debemos buscar al demonio.
-¡Fleur! -exclamó Henry escandalizado.
-Comprendo su enfado, señorita. Trataba de decirle que las mujeres que llaman a nuestra puerta las enviamos al monasterio de las monjas contemplativas. Si quiere le doy la dirección.
-Pensábamos pasar juntos las vacaciones -dijo Henry.
-¿Son matrimonio? -preguntó el prior.
-Yo y Caroline si -explicó Jacques .-Henry y Feur son novios.
-En el monasterio de las hermanas pueden hospedarse todos... Si me permiten un momento les anoto la dirección.

El prior entró en el edificio dejando la puerta abierta.

-Mirad que oscuridad -siseo Jacques -.Ahí dentro no se ve nada.
-No tendrán luz -sugirió Fleur.
-Al final ¿qué hacemos?. A mi no me hace ninguna gracia irme a vivir con unas monjas -terció Henry-. Ya tuve bastante en el colegio. Podemos seguir hasta SAntiago y pasar las vacaciones en un hotel.
-¿Entonces para que viniste con nosotros? -preguntó Fleur -.Si no querías hospedarte en un convento haberlo dicho en París. Cruzamos media Europa y ahora nos vienes con quejas.
-No discutais, por favor -pidió Caroline-.Estamos de vacaciones.

Menudas vacaciones pensó Fleur. El hermano de Jacques les había hablado maravillas de la tranquilidad del dichoso convento. Por eso se apuntó a pasar unos días cuando Jacques le dijo que él y Caroline iban a ir. Fleur se sentía furiosa ante el cambio de planes. Sabía Dios cómo era el convento de las monjas. En eso tenía razón Henry: no sabían a dónde iban.

-Aquí tienen la dirección -el prior le tendió un papel a Jacques -.Está a unos cuatro kilómetros de aquí.
-Gracias.
-Lamento no poder admitirlos a los cuatro.

Una idea surgió en la mente de Fleur.

"Lanzate a la piscina, chica"- se dijo -. "Ya aparecerá el agua".

-Mi compañero estaba tan ilusionado con pasar unos días aquí...-le sonrió al monje-. Quizá deberíamos hacer lo que usted nos propuso. Los chicos se quedan con ustedes y nosotras vamos al otro monasterio. Serían también unas vacaciones distintas. ¿Qué pensáis? -les preguntó.

Henry se encogió de hombros. Llevaba dos años saliendo con Fleur y sabía que siempre se salía con la suya. Mejor no llevarle la contraria.

-Por mi no hay problema -dijo.
-Por mi tampoco -Dijo Jacques -.Si no le importa a Caroline...

Caroline era tremendamente tímida. La horrorizaba hablar en público. Se sintió enrojecer hasta la raíz del pelo al sentirse observada por todos.

-Yo estoy de acuerdo -balbuceó.
-Bien, entonces dame esa dirección, Jacques -pidió Fleur -.Y las llaves también. Voy a llevar el coche.
-¿No quieres que os acompañemos? -preguntó Henry.
-No. Vamos chicos, sacad vuestras maletas que ha comenzado una semana de vacaciones con apartheid.
-Una semana no pueden estar aquí -dijo el prior .-El tiempo máximo son cuatro días. No queremos hacerle demasiada competencia a los hoteles del pueblo.

"Cuatro días"
"Eran suficientes", pensó.


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