Thursday, March 29, 2007

Las vacaciones de Fleur, 8

En el convento rezaban a las horas más importantes del día y de la noche. Estos rezos constituyen una plegaria cuyos momentos más importantes son las oraciones de la mañana, Laudes, y de la tarde, Vísperas. Sor Clara tenía que tener todo planchado a las siete y media.

Fleur pensó si le daría tiempo a hacer lo que tenía previsto. Mejor no adelantar acontecimientos. Lo primero era conseguir el dichoso hábito.

Oyó como se cerraba una puerta. La monja estuvo llorando un buen rato. Fleur no le veía intención de planchar.

La puerta se volvió a abrir. Era la simpática Teresina.

-Hija, hija... No hay motivos para tantos lloros.
-Me dejó encerrada...
-Estaba la llave en la puerta, hermana. Podíamos entrar a verte.
-Como quien visita a una prisionera.
-No dramatices... Estás aquí por la voluntad de Dios. Al principio siempre resulta duro el convento, cumplir el voto de obediencia es difícil pero te vas acostumbrando. Venga, vamos a planchar esto.
-No puedo planchar todo eso para las siete y media.
-Yo te ayudo.
La hermana Teresina dobló un hábito cuidadosamente.
-Trae la plancha -le pidió.
Pasó la plancha por encima varias veces.
-Uno fuera.
-Pero hermana...
-Nada de hermana. Teresina sin más.
-Teresina eso así no queda bien.
-¿Por qué no?
-Hay que pasar la plancha por todo para quitar las arrugas.
-Dios no dijo tal cosa. Otro planchado. Vete colocándolos en la cesta de llevar.
-La superiora me va a castigar cuando vea esto.
-No te va a decir nada. Yo practique durante veinte años la plancha a presión y no hubo quejas.

Fleur se alejó de la ventana. Un minuto más y no podía aguantar la risa. Volvió a entrar en el convento.
-Si busca a su compañera está en el asilo haciéndole compañía a los ancianos -la informó sor Dolores.
-Gracias. voy a mi habitación a por una chaqueta. Tengo algún frío.
-Es que anda usted muy fresquita, joven. Esos brazos al aire... hum... hay que taparse.
Que cascarrabias era la dichosa vieja. Llevaba un top de lo más discreto.

En su habitación Fleur arrancó una hoja de su agenda y escribió:

"Caroline, marcho para una casa rural. No aguanto esta monotonía. El domingo vengo a buscaros a todos. Besos."

Dejó la nota sobre la cama de Caroline, guardó unas cuantas cosas en una bolsa y observó la estancia. Caroline creería lo de la casa rural. Entonces podía llevarla. Su coartada sería menos creíble si dejaba tanta ropa en el armario. Le vino a la cabeza la solución.

Metió la maleta dentro del armario y cerró la puerta con llave. Se llevaría la llave. Caroline no sospecharía nada al no ver la maleta.
Dejó la bolsa escondida entre unos matorrales y se acercó a la ventana disimuladamente. Los cestos estaban a rebosar de trajes doblados.

¿Cuántos les quedarían por planchar?

-Ya acabamos -estaba diciendo la hermana Teresina -. ¿Ves cómo no era para tanto?. Aún faltan dos horas para las "vísperas". Vamos a dar un paseo.
-No puedo salir hasta que venga la superiora.
-Tonterías, Clarita. Tú te vienes conmigo a pasear por el jardín. La ropa ya está planchada y yo necesito un brazo para apoyarme. El reúma me acaba con las piernas.

La ventana quedó abierta. Fleur contó hasta diez y entró. Los hábitos parecían todos iguales. No vio ninguna talla. Fleur supuso que la falta de etiquetas se debía a su confección casera. Quizá se los hacían las monjas. ¿Los tendrían contados?. No podía pararse a pensar en tantos detalles. Cogió uno y se fue.