Sunday, May 12, 2013

Cuando era capaz de besar

 
El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda sin saber que llevaba una semana muerto. Estaba tan distinto que nadie lo reconocía, ni siquiera la rubia que estaba en la barra, su último ligue. Había hablado mucho con ella cuando era capaz de besar a una mujer. La rubia fue la que le dijo al juez que el cabo Hopkins olía a ginebra cuando llegó a su casa diciendo que había sido él quien apretó el gatillo.
 
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