Monday, May 06, 2013

Un día aparecería su esquela

 
Encarna arrastró el carro hasta la caja. Con manos decididas empezó a colocar la compra sobre el mostrador de la cajera. Lo hacía sin prisa, como si temiera romper un yogur o una botella de agua. Pensaba que debía hacerlo con cuidado porque se imaginaba la cara de disgusto de su hija si encontraba un envase roto. De camino a casa se notó las manos frías. Más frío haría en su piso, una vivienda que nunca había tenido calefacción. En la casa de Encarna sólo hacía calor en verano. Sacó de la bolsa del supermercado una botella de anís y le dio un trago. Después sacó el periódico y buscó las esquelas. Un día aparecería la suya. Ese día ya no sentiría el frío que sentía hoy.
 
 
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