La tarta de cumpleaños tenía que estar terminada antes de que llegara mamá. Llegaría oliendo a peluquería y con las uñas de las manos pintadas de color rojo a juego con las de los pies. Berta bate la nata con fuerza. ¿Debería poner algo de mantequilla? Mejor no. A mamá no le gusta y la notaría en el primer bocado. Lo que no podía faltar era el chocolate cubriendo el bizcocho con una capa bien gruesa.
Papá llega en su furgoneta de reparto de periódicos. Ha tenido un mal día, piensa Berta. Se le nota con sólo mirarle la cara. Entra en casa sin saludar y se sirve un plato de sopa fría. Está comiendo la tortilla también fría cuando llega mamá quejándose del frío que hace en la calle.
-Deja esa tarta, cariño -le dice a Berta-. Hoy también comeré tortilla de patata con un postre ligero. Mejor la cuajada que esa tarta que me huele a mantequilla. ¿Dónde están las servilletas? No las veo. Ah... las ha cogido todas tu padre para sonar ese catarro eterno que tiene.
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RELATO ENVIADO AL I CONCURSO DE RELATOS LIBROVEO
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